Un informe de EPI revela que los empleadores estadounidenses gastan 1,7 mil millones de dólares al año para evitar los sindicatos; solo Amazon destinará 26,6 millones en 2025.

El Economic Policy Institute y LaborLab publicaron el 20 de mayo un informe en el que se calcula que los empleadores estadounidenses gastan alrededor de 1,7 mil millones de dólares al año en consultores y bufetes de abogados especializados en evitar la sindicalización; de esa cifra, aproximadamente 442 millones se destinan exclusivamente a consultores, mientras que el resto cubre representación legal, litigios y servicios relacionados. Es probable que la cifra real sea aún mayor: las normativas federales eximen de divulgación aquellas actividades de consultoría clasificadas como «asesoramiento», categoría que abarca la gran mayoría del trabajo realizado, y el cumplimiento de los requisitos existentes es muy deficiente. LaborLab constató que el 57 % de los empleadores obligados a declarar sus gastos en consultores antisyndicales durante 2024 no presentaron la información dentro del plazo establecido; solo 153 empresas lo hicieron ese año. Entre los principales bufetes mencionados en el informe figuran Littler Mendelson, Morgan Lewis y Jackson Lewis, que han representado conjuntamente a diversas empresas frente a intentos de sindicalización en Amazon, Starbucks y Trader Joe’s.

Amazon destaca como el mayor gastador individual: en 2025 la compañía desembolsó más de 26,6 millones de dólares en consultores antisyndicales, una cifra 13 veces superior a la del segundo mayor gastador, el proveedor sanitario UnityPoint, con 2,1 millones de dólares; le siguen LabCorp con 2 millones y Premier Health con 801 000 dólares. Un portavoz de Amazon manifestó a The Guardian que la empresa colabora con expertos externos para ayudar a sus trabajadores a «comprender la verdad» y contrarrestar lo que califica de desinformación sindical; por su parte, el sindicato Teamsters sostiene que Amazon «prefiere pagar a terceros intrusos para amenazar, intimidar y acosar» a sus empleados. El informe describe estos gastos como parte de una infraestructura legal más amplia destinada a aprovechar los retrasos procedimentales de la NLRB, prolongar las negociaciones para el primer convenio colectivo y debilitar el impulso sindical; por ello, la cifra de 1,7 mil millones de dólares no debe interpretarse únicamente como costos legales corporativos, sino como una barrera estructural integrada en el sistema laboral estadounidense.

Economic Policy Institute | The Guardian